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jueves, 22 de marzo de 2012

La historia del regimiento Norfolk...


Durante la Gran Guerra, la guerra del Catorce, la guerra del Quince-Dieciocho para los italianos, la Primera Guerra Mundial para casi todos, surgió una de las más persistentes, curiosas y anómalas leyendas urbanas de la historia. Lo fue tanto por su contenido, como por su origen y su posterior fama entre crédulos y desinformados.
Hablaba del Regimiento Norfolk. De la misteriosa desaparición del Regimiento Norfolk.
Durante aquella sangrienta guerra, más cruel en tantos aspectos que la segunda que siguió, mas cuerpo a cuerpo, más patética y sucia, el ejército británico estaba integrado por ciudadanos de toda la Commonwealth. Australianos fueron principalmente los que cayeron en la carnicería de Gallipoli. Neozelandeses los que componían el Regimiento Norfolk.
Es así que ese Regimiento estaba encargado de la toma de una posición, una posición secundaria, sin apenas interés humano o militar. Era en el norte de África, en Egipto quizás. O quizá no, quizá fuera en Turquía. Bueno, por aquella zona.
Bien, la posición que debían abatir, por la gloria del Rey de Inglaterra, estaba en un altillo, lo que la hacía casi inexpugnable, lo que propiciaba que cualquier intento de ofensiva frontal fuera un suicidio o, peor, un asesinato por parte de los altos mandos.
Qué les importaba a ellos.
Y el Regimiento Norfolk se lanzó al infierno.
Dice la leyenda, y sólo la leyenda, que mientras escalaban la abrupta colina que les separaba del enemigo una densa nube se cernió sobre ellos. Niebla, sí, pero niebla extraña, de color casi negro, de espesura casi rígida. Hasta hacerla opaca, hasta que no se veía a aquellos valerosos 3500 hombres. Era una nube que apareció de la nada, cielo despejado aquel día, azul hasta doler los ojos, un único meteoro, tan intenso, tan absoluto. Apenas se la vio venir, era como si siempre hubiese estado allí, llegó de improviso.
Así mismo se fue, disipándose en razón de segundos.
Y, donde antes estaba el Regimiento Norfolk, ahora no había nada. Habían desaparecido con la nube, se habían evaporado con ella, ella se los llevó no se sabía bien donde. Hay que concebir esto en la segunda década del siglo XX, donde nadie hablaba de ovnis ni asuntos parecidos, donde nadie sabía qué buscaba cuando miraba a los cielos.
3500 hombres desaparecidos.
El Alto Mando Británico hizo correr la voz entre la soldadesca. Algunos hablaban de Dios, otros del diablo. Unos pocos, los menos, sospechaban, siempre en voz baja, siempre de manera furtiva. Conozco a uno que me ha contado que vio, que le dijeron, que conoce a otro que trabaja en el hospital de campaña.
Todo, todo lo anterior, es una mentira, una patraña, una completa invención. Una leyenda que las autoridades británicas crearon a partir de la nada, para dejar tranquila su conciencia, su buen nombre. Para no desanimar a la tropa, que no desertasen, que no huyeran.
Lo cierto es que aquel día no se cernió ninguna nube sobre el Regimiento Norfolk, ninguna niebla extraña. Sólo fuego, fuego enemigo, mortal e inexcusable. El objetivo era imposible, sencillamente aquello era ir al matadero.
Después de la jornada, de los 3500 hombres del Regimiento habían sobrevivido sólo 3. Otros 4 se debatían entre la vida y la muerte.
¿Cómo explicarles a los soldados del día siguiente, a los compañeros de aquellos mártires, que se encaminaban a un final, no ya hipotético, sino seguro? ¿Cómo plantearles que el índice de bajas era de casi el 99%? ¿Qué loco aceptaría a la jornada siguiente, a la semana siguiente, intentar abordar el mismo objetivo?
Así que a alguien, a una persona anónima y genial, cruel bardo de la guerra, se le ocurrió la idea. No digamos que han muerto, diría. Digamos que algo se los llevó, que les arrastró de la tierra como a Isaías, era Isaías, ¿no? Que fueron arrebatados de su hogar, de sus familias y amigos por un ente superior, y no por la ambición ciega, loca, absurda de nuestros generales, coroneles, mariscales, tenientes.
Así surgió la historia del Regimiento Norfolk.
Años después… y esto también es interesante, por ver como se intrincan las historias, cómo las mentiras se alambean unas con otras, se unen, se hacen compañía. Años después, ya durante la Guerra Fría, se volvió a hablar del Regimiento Norfolk, con relación a otra invención gubernamental para omitir una grave infracción de la seguridad. Es el asunto conocido como el experimento Philadelphia. En resumen, consiste en que los Estados Unidos consiguieron teletransportar un portaaviones de un lugar a otro, distante varios centenares de kilómetros entre sí. Aunque, bien mirado, qué importa la distancia, igual de fabuloso hubiera sido si lo hubieran movido dos metros, si hubiese desaparecido de la vista para aparecer de nuevo, reconstruido, a dos pequeños metros de distancia. (Esto se ha conseguido ya con partículas subatómicas, un grupo español de físicos consiguió teletransportar las propiedades, no aun la partícula pero las propiedades, desde un laboratorio sito en Tenerife hasta otro situado en Las Palmas de Gran Canaria). El caso es que el experimento Philadelphia nunca existió como tal, y sólo surgió como cortina de humo gubernamental que buscaba tapar una tremenda negligencia del gobierno americano, como era la navegación de buques de guerra con armamento pesado cerca de núcleos poblacionales. Hasta incursiones fluviales, por lo visto, se hicieron en aquella época.
Pero, y aquí viene el punto de unión, el nexo conspiranoico de las dos mentiras, aquel supuesto buque teletransportado tenía su puerto de origen en Norfolk, Virginia. Un homenaje claro, dijeron los iluminados, a aquel otro regimiento, puesto que el objetivo era el mismo, una muestra de fino humor de los jerifaltes yanquis, un guiño a quien, como yo, sepa verlo…

viernes, 16 de marzo de 2012

Entrevista para Enigma´03

Este sábado 16 de marzo se emite la repetición de la entrevista que me hizo el amigo Fran Recio para su programa Enigma´03, y en la que se presentaba la obra "Ooparts. Objetos imposibles".

Será a las 2:00, en Radio Cubelles...espero que os guste.


lunes, 5 de marzo de 2012

Un relatito corto...un cachito pequeño y poco ambicioso de literatura...



El hombre que era sólo recuerdos hizo un esfuerzo por recordar su vida,y cuando vio que no había nada digno de ser recordado,le pegó una patada a la silla,y quedó colgado de la cuerda que anudaba su cuello.